Desde las entrañas

entrañas

Desde mi interior y desde las entrañas que forman parte de este cuerpo, todas las cosas que me causaron felicidad y jubilo hoy me hacen sentir avergonzada de quien soy.

En las noches cuando la coraza se rompe y todas las mariposas de cristal resurgen comienzo a llorar nuevamente, todos los recuerdos encienden las llamas de la nostalgia, regresa el desconsuelo, la soledad y la noche fría arropa con la desesperanza.

Bajo las sábanas este cuerpo intenta ser.

La noche eterna, esa que no para de recordar, llorar por todas las cosas que merecen lágrimas, de luna llena brilla, y las estrellas, mil estrellas, luminosas, atrevidas y sugerentes celebran la libertad.

En lo más profundo yace esa esferita, la calurosa aura naranja y amarillenta, reflejos de la niñez a la que quisiera volver envuelta otra vez en la capa con temor, ese temor que va y viene. La temporalidad que trasciende ese cuerpo y lo vuelve a llevar al momento donde era triste y feliz. Triste por todas las promesas rotas e ilusiones apagadas que brillaron alguna vez. Feliz por ignorancia.

Placentero el momento en el que el sol volvió a calentar, junto con sus ojos, y el recorrido de su mirada aún irradia el deseo de poseer. La luz y la oscuridad en el espacio coexisten.

Esos ojos atravesaron la coraza y debilitaron esa noche todo lo que alguna vez fue firme, jugando al engaño miraron, y miraron otra vez.

Desde las entrañas que forman parte de este cuerpo su mirada sentí, a la distancia, quemó e irritó mi pel y en el ardor encontré la paz.

Adormecidas y ebrias las mariposas de su luz.

Atrapada entre las marcas que definen este cuerpo voy a brillar y reflejar el resplandor de su luz. Por esta y todas las noches donde mi cuerpo aclame otra vez el ardor de esa mirada

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Las cosas que no son precisamente malas.

Oscuridad

He estado pensando en las cosas de las que me pierdo cuando estoy conectada como ahora por ejemplo, el compartir largas conversaciones con mi familia sentados en una mesa porque luego de un tiempo es raro el tiempo que compartimos realmente sentados, prestando la atención que cada persona merece al hablar o más importante, mirándonos a las caras. Esas cosas que sólo pasan cuando se nos privan de aparatos electrónicos y nos volvemos humanos que se relacionan unos con otros nuevamente.

Cocinar juntos como una pequeña misión ó mirar el cielo estrellado que arropa  mi ciudad, que si apagas todas las luces alcanzas a ver una imagen hermosa, parecida a esas que ves cuando buscas en Google ”galaxias”, momento en el que me hago la experta en astronomía e intento explicarle a mi mamá porque las estrellas son de colores diferentes, claro, todo eso sólo si no está el cielo contaminado o ocupado de nubes que planean llover toda la noche.

Incluso llegué a encantarme porque descubrí que frente a mi casa hay luciérnagas, y una vez más me acordé de La Tumba de las Luciérnagas y quería llorar por milésima vez.

Una y otra vez la oscuridad total se ha convertido en un espacio familiar en vez de un momento de ”desgracia”, esa desgracia tercermundista me ha recordado que hay cosas que extraño, el calor familiar que sigue siendo frio cuando faltan más corazones en este sitio.

Todo esta bien mientras pueda seguir recordando.

Retratos florales

florales

I

Sonrojado y tranquilo,
él suele mirar al cielo
esperando que se marche
lo que causa silencio.
Es él quien quiere vivir en la oscuridad
o  quizás su mente prefiere juguetear
aún cuando es así
la luz sigue allí
abraza e ilumina a otros
pero nunca su propio camino.

II

Entre sus viajes,
no escucha sin embargo emite palabras
habita en su propia rareza y en su vacío eterno
condenada sufriendo en silencio
baja la cabeza, seca sus lágrimas,
y continúa el mismo camino
con alguien
que la hace sentir vacía,
aun.

III

La perla,
aun en la pureza
emerge el nectar lunar
desde las entrañas y el placer.
Ondeando entre el brillo
¿placer sin dormir?
o ¿un sueño sin placer?

 

Incluso la luna se quiebra y llora.

luna

Cuando sólo quiero pensar y recordar el pasado, el vacío se apodera de mí.

Mirar hacia los lados, y recordar que tiempo atras estos mismos pasajes me traían una inmensa felicidad, las calles no tienen vida, no hay sonrisas salvo por los niños inocentes, su ingeniudad es capaz de alumbrarte un poco el día, esas cosas son las que me hacen pensar que no todo esta tan mal, una pizca de luz.

Es difícil voltear a cualquier lugar y encontrarse con imágenes tan indignantes como degradantes para el ser humano, qué difícil es pensar que un lugar en estas condiciones pueda recuperarse, más de una vez sentí la bofeteada de la realidad, y las lágrimas comienzaron a emanar.

Ya no se puede fingir y mirar hacia otro lado, es difícil, es el lugar que protagonizó los pequeños éxitos de cada ser, la satisfacción  la tranquilidad de un calmo porvenir, doloroso es el deseo de algo que quizás nunca vuelva a pasar.

Nunca tomaré papel de víctima ni de una persona derrotada.

– Días como hoy en los que solo quiero desahogarme, aprendí que no me puedo guardar todo en el interior.

Desde el centro de la ciudad Caracas.

caracas

Este es el centro de Caracas, parte de los lugares más peligrosos de Venezuela, o al menos así dicen siempre, pero muy lejos de toda esa violencia es un sitio que yo considero hermoso, por la arquitectura colonial, es en el centro donde está la parte artística más representativa de Caracas, algunos museos, cafeterías, librerías, luego está El Techo de la Ballena lugar que se atiborra de personas que se reúnen a compartir poesía y a beber cervezas. En el centro se respira un aire muy bohemio como diría mi tía.

 

Por aquí caminé cada vez que estaba a punto de ocurrir algo muy importante en mi vida profesional, aquellos recorridos eran casi sin aliento apurada, corriendo por entrega de trabajos, muestras de fotografía importantes, pero incluso en la angustia el lugar lograba sacarme una sonrisa admirando cada esquina.

El chocolate caliente de Café Venezuela se puede percibir a metros desde la esquina, es un delito caminar por el centro sin uno de esos en tus manos, peor aún es ignorar la arquitectura o el atardecer reflejado en los vidrios de la Torre del Banco de Venezuela, sentir la vibra de todas las personas que van y vienen de sus trabajos o casas. Estas y muchas cosas más me hacen adorar el centro y tomarlo como pare de lo que considero un hogar entre la grandiosa Caracas, tiene un aire más humano, lo podría describir como una sensación más humilde, nunca percibí peligro estando allí, percibí sonrisas incluso de un famoso mendigo que está en frente de la iglesia de San Francisco, famoso porque desde que tengo memoria siempre lo vi por allí.

 

No me gusta escribir sobre lo obvio, prefiero utilizar este espacio para contar mi versión de un lugar, que parece ser la visión de una ciega, ¿realmente me estoy haciendo la vista gorda ante los problemas?, muchas veces tengo esa discusión interna conmigo, ¿Por qué prefiero ignorar las cosas de las que todos hablan? ¿Por qué estoy más pendiente de dejarme sublimar por un atardecer?

– Chama ten cuidado, no saques la cámara aquí dicen.

No creo ser la única persona que piensa que alejarse de lo obvio es saludable, cambio los terrores a la calle, los nervios, y el miedo por la fascinación de cosas simples, el disfrute de un momento efímero de una puesta de sol, el olor de un café recién hecho y otras cosas que me recuerdan que mientras viva, debo hacerlo con ganas y sin miedo, aun cuando eso viene tomado de la mano con un sabor agridulce nostálgico y la extraña sensación de un vacío que posiblemente no se vuelva a llenar.

Muy pocas veces tomo el atrevimiento de sacar la cámara en lugares públicos, pero creo que las personas deberíamos dejar de crearnos nuestras propias cárceles en la mente, aprovechar las oportunidades y si tenemos el coraje, arriesgarnos. Ya tenemos suficientes limitaciones como para seguir privándonos de nuestros deseos.

 

Y una vez más voy a defender el Centro de Caracas, por sus perrocalenteros en cada esquina, héroes sin capas que estarán para alimentarte cuando no te queda dinero para nada más, y aunque de pronto te invada ese olor entre gasolina, orina y humo de la calle, repulsivo pero característico de la ciudad podrías, tomarte un tiempo para conocer un poco del arte del siglo XIX y XX en los museos que contienen parte de nuestra historia como Venezolanos.

 

 

 

 

Aquí, ahora y contigo.

guatire

 

prefiero
ningún otro lugar
más que éste
ningún otro tiempo
más que justo ahora
ninguna otra persona
salvo que contigo

Adagios al mar; Rompeolas

 

Somos personas hechas de recuerdos que marcan épocas únicas, momentos sublimes, suspiros de alguna decepción y carcajadas de alegrías.

Cuando me di cuenta y acepté la nostalgia como algo que habita en este cuerpo comencé a estudiar, con el propósito de entenderme y llegar a conceptualizar el trabajo artístico que me gusta hacer, mi fotografía y mis escritos.

Los lugares cambian, las personas se van o se mueren, el paso del tiempo también consume los lugares que se recuerdan con cariño, la alegría se torna en tristeza y vacío, la humanidad se agota en algunas partes y solo quiero tener un recuerdo de lo ha dejado de ser.